Cuando en OR hablamos de balayage no hablamos de una moda: hablamos de un oficio. La palabra francesa significa literalmente 'barrer', y esa es la clave — el pincel se desliza sobre el cabello dibujando luz, sin plantillas ni geometrías rígidas.
El resultado, cuando la mano es la correcta, es un color que crece contigo. Sin raíz marcada, sin líneas duras, sin necesidad de retoques agresivos cada seis semanas. Un balayage bien hecho es una inversión que ahorra tiempo y protege la fibra capilar durante meses.
En nuestra cabina trabajamos siempre con producto Kérastase y Oribe, y con un protocolo previo de diagnóstico donde estudiamos porosidad, densidad y tono base. No hay dos cabellos iguales; no hay dos fórmulas iguales.
El balayage d'Or que ofrecemos en el salón es una técnica propia que combina iluminación libre con veladuras de color en frío o cálido según el subtono de piel. La idea: que el cabello devuelva luz al rostro como lo haría una joya bien engarzada.
Nuestro consejo para mantenerlo: champú sin sulfatos, mascarilla nutritiva una vez por semana y, sobre todo, protección térmica antes de cualquier plancha o secador. El color es la joya. El cuidado, el estuche.
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